El «herd behaviour» o seguir a la masa

El hecho de moverse como en un rebaño (herd behaviour en inglés) es un fenómeno con muchos ejemplos en el campo financiero. Consiste en renunciar a la propia voluntad  para seguir lo que hacen los demás y con frecuencia se asocia con las burbujas especulativas o ventas masivas provocadas por el  pánico. Pensemos en la burbuja de las “.com” durante la cual los inversores se dedicaron a comprar a precios de locura empresas sin rentabilidad sólo siguiendo la corriente de los demás.

Este tipo de comportamiento no es exclusivo del mundo de la inversión, sino que se encuentra en muchas otras áreas de la vida social. Tenemos la tendencia a vestirnos como se visten los demás de acuerdo con los dictados de la moda, a ir de vacaciones a los sitios turísticos más famosos, a asistir a los mismos lugares llenos de gente, a tener los mismos intereses y aficiones que nuestro grupo social.

La tendencia a ser gregarios y a conformarse con el comportamiento de un grupo tiene orígenes antiguos que se pierden en los albores de nuestra historia evolutiva. La pertenencia a un grupo, un rebaño. Un rebaño tiene el efecto de proteger a los individuos que pertenecen al mismo. Una señal de peligro recogido por un individuo es transmitido de inmediato a todos los demás y permite la supervivencia del grupo. Por el contrario, la salida del grupo puede costar la vida.

Es en el sistema límbico, la parte más antigua del cerebro, donde se producen las emociones que llevan a conformar el comportamiento de un grupo. Estas emociones son reacciones inmediatas a la percepción de los sentidos, no nacen del razonamiento que tiene  lugar en la corteza cerebral. La respuesta emocional del sistema límbico, activada por las percepciones sensoriales, tiene una velocidad de respuesta mayor que la de la corteza cerebral. En el curso de la evolución, la velocidad de respuesta a un peligro exterior era de vital importancia para la supervivencia.

Ciertamente, hoy en día estas exigencias de supervivencia ya no son necesarias, pero las instancias inconscientes de supervivencia procedentes de la parte más antigua de nuestro cerebro y que nos requiere  no alejarnos del rebaño se siguen produciendo. Cuando tomamos un comportamiento diferente al de la masa experimentamos una especie de malestar (a veces también físico), de tensión. Expresar una diferencia es percibido como un peligro.

¿Qué nos aporta seguir a la masa?

En el estudio de algunas tribus indígenas que siempre habían vivido aisladas  sin  contacto con el hombre occidental se ha observado cómo a veces, en los primeros contactos con los investigadores, los miembros de estas tribus imitaban los mismos movimientos de sus interlocutores.  Una forma de decir  “soy como tú», en un contexto en el que la diversidad puede ser percibida como una amenaza. El hecho de adaptarse y seguir la corriente alivia la tensión.

Estudios de psicología social confirman lo fuerte que sigue siendo, incluso en la sociedad de hoy en día, la presión para adaptarse y ser  aceptados dentro de un grupo o para alinearse con aquellos que son los requisitos de nuestro entorno social objetivo. La llegada y la capacidad de penetración de Internet nos han situado ante  una vorágine digital que nos lleva a la absorción de las necesidades, ideas y modelos inducidos por otros. Factores tales como el sexo, la edad y el tipo de personalidad afectan la tendencia a adaptarnos. Normalmente, este impulso es más fuerte en las mujeres, en los jóvenes, en la gente alegre, extrovertida e impulsiva. A menudo, los factores culturales también entran en juego: la cultura occidental da más valor al individualismo que  las culturas orientales y en muchos casos se basan en el reconocimiento y la aceptación social.

Las acciones de los demás, tienen sin duda  su propio contenido de información que puede ser útil para tomar una decisión en condiciones de incertidumbre. Si buscamos un restaurante en una ciudad que no conocemos, elegir el más frecuentado puede resultar en muchos casos una buena decisión. Si no tenemos experiencia financiera es, sin duda, mejor seguir el consejo de un experto.

A través de lo que los estadísticos definen como un proceso bayesiano, la probabilidad que asignamos a un determinado evento se va actualizando para tener en cuenta un conjunto de la nueva información. Esta nueva información incluye las acciones que toman los demás. Este proceso, sin embargo, por un lado perfectamente racional en un mundo de información imperfecta, puede conducir a resultados distorsionados. Simplificando al máximo, significa que si el primer sujeto toma una decisión equivocada, esto, en cascada, afectará negativamente a todos los demás y su comportamiento se incorpora en el proceso de toma de decisiones de los individuos siguientes.

Si el ser miembro de un grupo ha tenido sus propios fines en el campo de la evolución y seguir a la multitud encuentra su justificación, aunque a veces criticada en el ámbito social, seguir al rebaño en el campo de la inversión a menudo conduce a resultados pobres para el inversor individual y, a nivel agregado, el efecto de aumentar la inestabilidad y la fragilidad del sistema, especialmente en condiciones de poca liquidez en algunos mercados como en la coyuntura actual.

Seguir a la masa frente a ser contrarian

Invertir en la misma dirección que el rebaño de los inversores nos hace sentir tranquilos, sentirnos seguros, aceptados. Y si la inversión resulta ser errónea, compartir el error con muchos otros disminuye el arrepentimiento por haber tomado una decisión equivocada. Sería psicológicamente más doloroso ser los únicos que cometemos errores, mientras que todos los demás aciertan. Sin embargo, seguir a los demás nos hace a menudo comprar a máximos y vender a mínimos. Cuando la opinión  de que el mercado tiene que ir de una manera determinada es unánime, probablemente el recorrido en esa dirección ya se ha agotado.

De aquí la propagación de las estrategias “contrarian” que tienen como objetivo vender cuando todo el mundo compra y comprar cuando todos venden. Estas estrategias, que se basan en indicadores como AAII Sentiment Survey, Fund Flows, Put/Call Ratios  sólo para nombrar unos pocos, tienen el propósito de identificar las situaciones de exceso de optimismo o pesimismo del mercado (a menudo debido al comportamiento de rebaño) y apostar en la dirección opuesta.

Estas estrategias son difíciles de perseguir desde un punto de vista mental, porque la mayor parte del tiempo se está en el lado equivocado del mercado y si gestionamos el dinero de otras personas  sentiremos la presión del cliente de adaptarse a la tendencia del mercado. Se infringe, además, el conocido aforismo «The trend is your friend» (en las finanzas hay un dicho para todo, siempre encontramos uno que nos ayuda a reducir la disonancia cognitiva, que es una posible diferencia entre nuestras convicciones  anteriores y nuestras acciones posteriores).

Sin embargo, es siempre oportuno tener en cuenta indicadores que nos indican las situaciones de pánico u optimismo excesivo. No será siempre fácil de seguir porque nuestro subconsciente va a pedirnos que nos unamos al grupo descuidando cualquier otro razonamiento. Pero es precisamente cuando el mercado está distorsionado por la dinámica del rebaño que a menudo se crean las mejores oportunidades de inversión.

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