El  mundo digital ha democratizado el acceso de los usuarios a facetas de la vida cotidiana y profesional que hace dos o tres décadas resultaban impensables, como por ejemplo: construir una cartera de valores. 

Construir una cartera de valores en la actualidad es relativamente sencillo y solo necesitamos una conexión a internet y apoyarnos a una plataforma de gestión de inversiones de confianza para conseguirlo. 

Antes, los pequeños inversores, los que acumulaban los ahorros “de toda una vida”, se veían muy limitados, lejos de las gestoras de patrimonio que requerían grandes cantidades de capital para acceder a su abanico de productos.

Estos ahorradores familiares invertían en productos con estructuras muy básicas, probablemente ofrecidos por las entidades financieras, con intereses limitados. Hablamos de imposiciones a plazo fijo, bolsa nacional o, de forma puntual, algún fondo de inversión.

Afortunadamente, los tiempos han cambiado, y el acceso a los productos de inversión se ha democratizado, aparte de que las nuevas tecnologías han ayudado a que el portfolio de productos se haya visto exponencialmente ampliados: ya no solo se invierte en bolsas como la de Madrid, Barcelona, Bilbao o Valencia.  Ahora cualquiera desde casa puede acceder a productos cotizados en Tokio, en Nueva York, en Frankfurt o cualquier parte importante del planeta. 

Actualmente, con algo de formación y el apoyo de un asesor o aprovechando las ventajas del uso de robo Advisor, todo resulta más sencillo. 

 

Primeros pasos para construir una cartera de valores

Lo primero que hay que hacer para construir nuestra cartera de valores es identificar nuestro perfil de riesgo.

De una manera sencilla y realista tenemos que preguntarnos cómo nos afectan las inversiones, qué rentabilidad aproximada queremos con ellas y si vamos a tener el tiempo suficiente para controlarla, evaluarla y tomar las decisiones pertinentes. 

Existen perfiles que son más conservadores, aversos al riesgo, que prefieren ir poco a poco. En el lado opuesto, encontramos al otro perfil de inversor, más propenso a la volatilidad y conocido como trader. Para cada uno de estos perfiles existen productos adaptados. 

Es básico acertar bien en nuestra definición como inversores, porque esto nos evitará muchos malos tragos y sufrimientos: si somos aversos y nos encontramos con productos cuyo precio fluctúa con frecuencia, no lo llevaremos nada bien. Por el contrario, si buscamos fuertes rentabilidades -por ejemplo, los vulgarmente conocidos como chicharrosy en cambio invertimos en productos muy estables y sin vaivenes, estaremos impacientes y ansiosos.

 

Definiendo la cartera de inversión

Una vez definido el perfil, queda escoger la cartera. Y como neófitos, o como inversores tradicionales, lo mejor en estos momentos es orientarse hacia los fondos indexados. Cuentan con importantes ventajas, pero la más importante de todas es la posibilidad que nos brindan de invertir en muchos productos al mismo tiempo con una pequeña inversión.

Con los fondos indexados con robo Advisor, vamos a lograr acceder a una cartera de valores -por ejemplo, referenciada al IBEX35, al DAX40 o al Nasdaq- con menos recursos de los que necesitaríamos si fuésemos invirtiendo uno a uno en los valores que componen el índice. Y todo con la ventaja de contar con la Inteligencia Artificial de nuestro lado.

De esta forma minimizaremos riesgos al diversificar la inversión y lograremos ventajas fiscales, ya que cuentan con el beneficio de que podemos traspasar el capital de un fondo a otro y solo pagaremos por los rendimientos del capital mobiliario una vez deshagamos, finalmente, la posición.

 

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