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ToggleEl retorno a la media, o la regresión a la media.
En el mundo financiero se usa a menudo el concepto anglosajón de «reversion to the mean» para explicar cómo determinadas medidas relacionadas con la inversión tienden, inevitablemente, a volver a su media con el paso del tiempo. De forma más técnica se denomina la regresión a la media y es, en realidad, una realidad estadística que se observa no solo en el mundo financiero, sino en muchos aspectos de la vida cotidiana.
Antes de entrar en los mercados, vale la pena verlo con ejemplos del día a día, porque el mecanismo es exactamente el mismo:
- La altura de los hijos. Padres muy altos tienden a tener hijos altos, pero por lo general algo más bajos que ellos (más cerca de la media de la población). Y padres muy bajos, hijos algo más altos. Este es, precisamente, el fenómeno con el que Francis Galton acuñó el término «regresión a la media» en el siglo XIX.
- El rendimiento deportivo. El delantero que marca en cada partido durante un mes acaba encadenando un bache; el que estaba en su peor racha vuelve a marcar. La famosa «maldición de la portada de la revista» (el deportista que sale en portada tras una temporada espectacular suele rendir peor la siguiente) no es mala suerte: es que una temporada excepcional está, por definición, muy por encima de su media, y lo más probable es volver a ella.
- La salud. Muchos síntomas leves aparecen en su peor momento (por eso vamos al médico) y mejoran solos después, simplemente porque partían de un extremo. Es una de las razones por las que a veces atribuimos a un remedio una mejoría que se habría producido igualmente.
- El clima. A un verano extraordinariamente caluroso rara vez le sigue otro aún más extremo; lo estadísticamente esperable es un año más cercano a la media histórica…con el permiso claro, del potencial cambio climático.
En todos estos casos ocurre lo mismo: cuando observamos un valor muy alejado de su media, la siguiente observación tiende a acercarse a ella, no porque exista una «fuerza correctora» mágica, sino porque los valores extremos suelen combinar una parte estructural (el talento, la altura genética, el clima medio de la zona) con una parte de azar que difícilmente se repite en la misma dirección.
Aplicado a la inversión, este principio se manifiesta sobre todo en dos magnitudes que conviene mirar juntas: la rentabilidad y la volatilidad. Ambas oscilan alrededor de una media de largo plazo, se alejan de ella durante periodos, a veces largo,y terminan regresando. Entender esta doble dinámica ayuda a poner en perspectiva tanto la euforia de los buenos años como el pánico de las caídas.
Una precisión importante: esto es especialmente válido para los grandes índices diversificados (S&P 500, MSCI World…), no tanto para las empresas individuales. Un índice amplio tiene «media a la que volver» porque se renueva constantemente: va incorporando a las compañías ganadoras y expulsando a las que declinan, de modo que el conjunto conserva su tendencia de largo plazo. Una acción concreta, en cambio, está sometida a cuestiones particulares , competencia, disrupción tecnológica, mala gestión, un cambio regulatorio,que pueden hundir su cotización de forma permanente. Ahí no hay ninguna garantía de retorno a la media: hay empresas que caen y no vuelven nunca, o que directamente desaparecen.
Por eso la reversión a la media es un argumento sólido a favor de invertir en el mercado en su conjunto y diversificar.
En definitiva, una razón más para indexarse a los mercados principales.
El retorno a la media de la rentabilidad
La rentabilidad media a largo plazo del S&P 500* se sitúa en torno al 10%/11% anualizado (TAE) dependiendo del periodo escogido.
Pero esa media casi nunca se cumple año a año: los mercados encadenan periodos claramente por encima del promedio y otros por debajo, incluso negativos.


Nuestras carteras de inversión desde el 2017 ya han experimentado estos efectos, pasando por periodos donde las rentabilidades han estado por debajo de lo previsto por ejemplo en 2018 y 2022. Por contra, los últimos ejercicios son un buen ejemplo del extremo alcista. Impulsados por la tecnología y la inteligencia artificial, hemos visto varios años consecutivos de rentabilidades muy por encima de la media histórica.
Cuando esto ocurre, la regresión a la media nos recuerda que es razonable esperar, en algún momento, correcciones o años de rentabilidad más floja que devuelvan el promedio hacia su nivel «natural» de largo plazo. No sabemos cuándo, pero sí sabemos que la media acaba imponiéndose.
El retorno a la media de la volatilidad
La volatilidad, que no es más que la variabilidad de los precios, es intrínseca a los mercados de renta variable (de ahí viene su nombre). La forma más habitual de medirla es el índice VIX, que refleja la volatilidad implícita esperada del S&P 500 a 30 días y cuya media histórica ronda los 19-20 puntos.

La volatilidad revierte a su media igual que la rentabilidad, pero de forma mucho más brusca: puede permanecer meses adormecida y dispararse en cuestión de horas. Cuando publicamos la primera versión de este artículo, el VIX rozaba mínimos históricos, en julio de 2017 cotizaba por debajo de 10, muy lejos de su media, y escribíamos que, por la regla de la reversión, tendería a volver a su media «en algún momento». Lo que ha pasado desde entonces es una demostración casi de manual:
- Marzo de 2020: con el estallido de la pandemia, el VIX marcó un máximo histórico de cierre por encima de 82. En pocas semanas pasamos de la complacencia al pánico.
- 2022: la inflación y las subidas de tipos mantuvieron el VIX persistentemente por encima de su media durante buena parte del año.
- Agosto de 2024: el desmantelamiento repentino del carry trade del yen provocó el mayor repunte intradía de la historia del VIX, que llegó a tocar 65 puntos… para normalizarse en cuestión de días.
- Abril de 2025: el anuncio de aranceles generalizados en EE. UU. hundió los mercados y llevó el VIX a cerrar en 52, su cierre más alto fuera de 2008 y 2020. En menos de 100 días volvió a estar por debajo de 20, una de las reversiones más rápidas jamás registradas, acompañada de un fuerte rally de recuperación.
¿Y hoy? El VIX se mueve en la zona de 15-19 puntos, es decir, prácticamente en su media histórica. Ni la complacencia extrema de 2017 ni el pánico de 2020 o 2025: la volatilidad ha hecho, una vez más, lo que la estadística decía que haría, volver a su media.
Rentabilidad y volatilidad: dos caras de la misma moneda
Aquí está la conexión que da sentido a todo. Rentabilidad y volatilidad no reviertan cada una por su lado: suelen moverse en direcciones opuestas y de forma acoplada. Los grandes picos de volatilidad (VIX alto) coinciden casi siempre con caídas fuertes de rentabilidad, y son precisamente esos momentos, cuando la rentabilidad está más deprimida respecto a su media, los que preceden a las mejores recuperaciones. Dicho de otro modo: cuando la volatilidad se aleja al alza de su media, la rentabilidad suele estar alejándose a la baja de la suya, y ambas tienden a revertir a la vez.
Es lo que vimos en abril de 2025: el VIX en 52 y las bolsas hundidas… seguidos de una reversión de la volatilidad por debajo de 20 y un rally superior al 35% en pocos meses. Quien confundió el pico de volatilidad con una señal para vender, se perdió el retorno a la media de la rentabilidad.
¿Qué tiene que ver esto con tu plan de inversión?
Pues mucho y poco. Que la volatilidad esté baja no quiere decir que vaya a repuntar mañana mismo, y que la rentabilidad acumule varios años excelentes no quiere decir que la corrección llegue ya. Una métrica bursátil puede estar mucho tiempo desalineada de su media, el VIX estuvo años en niveles anormalmente bajos antes de 2020, y el S&P 500 ha encadenado años muy por encima de su media reciente. Por eso intentar hacer timing del mercado a partir de estas señales es, históricamente, un mal negocio.
¿Quiere esto decir que es mejor esperar para invertir? A nuestro entender, no. Esperar a que la volatilidad baje, o a que las valoraciones vuelvan a la media, solo nos asegura asumir el riesgo de no hacer nada o de la inflación. Y un repunte de volatilidad no tiene por qué ser malo para una cartera bien construida: de hecho, las aportaciones periódicas durante los momentos de pánico son históricamente las que más rentabilidad aportan a largo plazo.
Una cartera diversificada y el retorno a la media
Si construimos una cartera diversificada, estaremos también diversificando ese retorno a la media, tanto el de la rentabilidad como el de la volatilidad. Puede que un activo de nuestra cartera esté muy desalineado favorablemente, pero la ventaja de la diversificación es que, si eso ocurre, habrá otro activo descorrelacionado precisamente en la situación inversa.
Este es el poder de la diversificación, que permite reducir el riesgo combinando activos de forma óptima. Y esta optimización seguirá actuando aunque la volatilidad y la rentabilidad vuelvan a sus niveles medios, como tarde o temprano harán.
Anexo
*¿Por qué usamos el S&P 500 como referencia?
Sencillamente, porque es el índice con más historia fiable: existe como índice de 500 valores desde 1957 y hay series reconstruidas que se remontan a los años 20. Cuantas más décadas de datos, más robusta es la «media» a la que nos referimos y más significativo es hablar de reversión hacia ella. Un índice con solo diez o quince años de vida apenas nos permitiría distinguir la tendencia de largo plazo del ruido.
¿Se reproduce en los grandes índices mundiales? Sí. Si en lugar del S&P 500 miramos el MSCI World, que agrupa las bolsas de los principales países desarrollados y se calcula desde 1969, encontramos el mismo comportamiento: una rentabilidad media de largo plazo (algo inferior, en torno al 8-9% anualizado) alrededor de la cual los años oscilan al alza y a la baja para acabar regresando. La media global es algo más baja que la del S&P 500 sobre todo por el excepcional tirón de la tecnología estadounidense en la última década, pero el mecanismo de reversión es idéntico. De hecho, esa propia brecha entre EE. UU. y el resto del mundo es candidata a estrecharse con el tiempo, otra reversión a la media en marcha.
La conclusión práctica: la reversión no es una peculiaridad del mercado americano, sino una propiedad de los índices amplios y diversificados en general.








