El oro sigue brillando este 2025 y marcando nuevos máximos —aunque en las últimas horas ha corregido—. Pero, como dice el refrán, no es oro todo lo que reluce: su espectacular comportamiento reciente puede dar una falsa sensación de seguridad a quien olvide que este metal también ha vivido largos periodos de escasa rentabilidad.

En lo que va de año, su precio, (antes de la corrección) hasta el momento de escribir este post, había subido de los 2.625 $ la onza a los 4.356 $, eso es un +66%.
Pero recordemos que el precio de la onza de oro está expresado en dólares.

Veámoslo desde la perspectiva de un euro.
Esta revalorización se “reduce” al +48% expresado en Euros. Este diferencial es debido al efecto divisa. Aun así, este +48% es claramente muy superior al 6,4% que ha subido el MSCI ACWI (all country world index que incluye los mercados emergentes) y sin duda con pocos precedentes.
En el 2024 ya nos hicimos eco de que el oro alcanzaba nuevos máximos favorecido por escenarios que conducen a una reducción de los tipos reales
Durante este 2025 la subida del oro ha seguido escalando, animado por la incertidumbre geopolítica y las crecientes señales de una posible desdolarización global que habrá que ver si se confirma en el largo plazo.
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ToggleUn activo que brilla… por momentos
En este siglo, desde el 2001 hasta la fecha el oro incluso expresado en Euros se ha revalorizado un 1196% superando claramente el MSCI ACWI (en Euros) que ha acumulado en la misma fecha un 334%.

Pero incluso en esta historia reciente de 25 años muestra que el comportamiento del oro depende mucho del periodo que se mire.

Entre 2001 y 2010 (gráfico superior), el oro vivió su auténtica edad dorada, multiplicándose casi por cuatro (+268%) mientras las bolsas mundiales (MSCI ACWI en euros) cerraban la década ligeramente en negativo (-4%). Fue un excelente diversificador, especialmente en el entorno de la Gran Crisis Financiera del 2007/2008, que implicó grandes caídas en las bolsas de los mercados desarrollados combinadas con tipos bajos.
Pero esa tendencia se revirtió en la década siguiente: entre 2010 y 2020 (gráfico siguiente), el oro subió un 103%, muy por debajo del +217% de las acciones globales. En algunos tramos (2014 a 2018) incluso permaneció lateral durante años, mostrando que el oro también puede aburrir.

Es más recientemente, entre 2020 y 2025, que su rendimiento ha sido notable (+177% en euros) mientras que las bolsas globales, aunque también subieron con fuerza, por su parte, avanzaron un +86%.

Un valor refugio, no un plan de inversión
Debido a esta situación reciente, el oro ha pasado a ser un foco de atención, y cada vez tenemos más consultas para invertir en oro.
Recientemente, publicamos las diferentes formas de invertir en oro en el 2025, que incluye opciones de invertir sin tener que comprar lingotes físicos.
Pero no hace mucho, ya dijimos que es mejor no fiarse de lo vivido en lo inmediato.

Creemos que esto es muy aplicable al oro.
El oro tiene sus propios ciclos, y va a su ritmo, como se observa en el gráfico superior. En los años 70 subió un +1146% mientras que las bolsas tenían una rentabilidad moderada.
En cambio, entre los años 80 y el final del siglo pasado, el oro atravesó dos décadas sin revalorización; de hecho, llegó a depreciarse un –44%, mientras los principales índices bursátiles multiplicaban su valor entre 25 y 30 veces.
En inbestMe opinamos que, en general, ir a la caza del activo de moda puede ser un error.
Viendo la historia, además, indicaría que, invertir solo en oro o concentrar una parte muy importante de un patrimonio en él tiene puede ser muy arriesgado: su falta de rentabilidad recurrente y dependencia del ciclo lo convierten en un activo más de protección o diversificación que financiero.
Hay que recordar que el oro no genera flujos, dividendos ni beneficios.
Su precio depende del sentimiento, la política monetaria y la búsqueda de refugio.
El papel del oro en una cartera diversificada
Pero, por otro lado, en inbestMe creemos que, aun así, el oro sí puede aportar valor como diversificador dentro de una cartera global.
El motivo principal es que su comportamiento suele ser diferente al de las acciones o los bonos, especialmente en entornos de incertidumbre. Lo hemos visto bien ilustrado en el gráfico del 2001 al 2010, donde fue de los pocos activos que salvó las carteras diversificadas.
Esto es cuestionable, sin duda, ya que hemos visto que hay períodos en los que no ha sido así.
Por eso, en inbestMe lo incluimos en nuestras carteras de ETFs, en proporciones moderadas y dentro de una estrategia de diversificación a largo plazo.
¿Y el nuevo oro digital?
Hay algunos inversores que ni siquiera lo consideran como activo por alguno de los motivos mencionados, en especial tener que vivir largas décadas sin hacer nada o perdiendo.
De hecho, una cartera bien diversificada, como nuestras carteras de fondos indexados sin exposición al oro, puede ofrecer igualmente un excelente rendimiento.
Hoy, algunos inversores más modernos o tecnócratas que prefieren buscar brillo en el “oro digital”, el Bitcoin y las criptomonedas que ya algunos consideran una reserva estratégica y que deben tener su rol en una cartera bien diversificada. Aunque comparten ciertas narrativas —escasez, refugio frente a la inflación o la devaluación monetaria—, su comportamiento y riesgo son de otra naturaleza.
En cualquier caso, tanto el oro físico como el digital comparten una misma lección: dependerá del periodo en que se mire. … En especial para “el oro digital” aun su historia es muy corta y está sometida aún a volatilidades extremas, véase el reciente flash crash crypto que nos recuerda aún su volatilidad.
En la inversión, la perspectiva temporal, ajustar nuestras carteras a nuestros objetivos y en especial, diversificar, siguen siendo el mejor refugio.








