¿Vale la pena vender cuando hay una guerra y esperar a la paz para volver a invertir?

En los últimos años, hemos vuelto a enfrentarnos a escenarios bélicos que creíamos haber dejado atrás para siempre. Por ello, la pregunta de si conviene salir de las inversiones financieras en caso de guerra es, sin duda, legítima.

Aquí no vamos a entrar en el juicio moral sobre la guerra en sí: es obvio que es una mala noticia para la humanidad. Aquí, nos interesamos principalmente del efecto en los mercados financieros de una guerra.

Aunque los mercados incorporan ocasionalmente el ruido procedente de la geopolítica, no son necesariamente un fiel reflejo de ella, del mismo modo que a veces pueden divergir de la economía real.

¿Qué le importa de verdad al mercado?

  • Que no haya incertidumbre
  • Que las empresas generen beneficios
  • Que la inflación no sea excesiva
  • Que haya liquidez abundante

Hace unos meses, escribimos un artículo analizando por qué las malas noticias no siempre hacen caer a los mercados. Incluso cuando una noticia es considerada «mala» por el sentido común, si no afecta a las dimensiones mencionadas, el mercado tiende a ignorarla.

Una guerra puede crear incertidumbre e impulsar la inflación, por supuesto, pero a menudo las guerras llegan al final de un período de incertidumbre y, paradójicamente, los mercados pueden verlas como una forma de alcanzar algún tipo de equilibrio más rápidamente.

Casos anteriores

Echemos un breve vistazo a lo que ha sucedido durante los principales conflictos de las últimas décadas: la Guerra del Golfo, la Guerra de Irak, la guerra de Ucrania y la guerra de Gaza.

La tabla muestra el comportamiento del índice S&P 500 en los 6 y 12 meses siguientes al inicio de cada conflicto. Como podemos observar, la rentabilidad media a 6 meses después del estallido de una guerra es superior al 9%, y la rentabilidad a 1 año supera el 17%.

La única excepción es el periodo posterior a la guerra de Ucrania, que coincidió con el shock inflacionario post pandemia y el consiguiente ciclo agresivo de subida de tipos de interés por parte de los bancos centrales. El pasado, por supuesto, no ofrece ninguna garantía sobre el futuro, pero lo que podemos aprender de estos datos es que, en general, no compensa vender cuando estalla una guerra.

Esto no significa que el anuncio de una guerra no pueda provocar una caída del mercado, por lo que los inversores deben mantener siempre una cartera adecuada a su capacidad para tolerar las fluctuaciones.

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El conocimiento colectivo de los mercados

Puede sonar extraño, pero los mercados tienen una especie de conocimiento colectivo que es superior al de los inversores individuales. En otras palabras, tienden a anticipar lo que ocurrirá en el futuro. Empiezan a subir cuando las noticias siguen siendo abrumadoramente negativas y empiezan a caer cuando todo parece ir bien.

Por eso, los inversores que salen del mercado y esperan a que todo esté «en calma» antes de volver a entrar, probablemente se encontrarán con precios ya un 20% o 30% más altos.

Tomemos un ejemplo práctico de la pandemia. No es una guerra, pero el parón total de la economía se puede comparar con uno de los efectos más temidos de un conflicto.

El mercado de valores tocó fondo el 23 de marzo de 2020. Quienes recuerdan ese período saben que todavía no había buenas noticias, ni perspectivas de vacunas, ni una reapertura en el horizonte. Cualquiera que esperara hasta el 9 de noviembre de 2020, día en que Pfizer y BioNTech anunciaron los resultados preliminares de la fase 3 de su vacuna de ARNm, con una eficacia superior al 90%, habría comprado el índice S&P 500 a precios ya un 60% más altos.

Cuando las noticias empiezan a mejorar, una parte significativa del repunte del mercado ya se ha producido. Esperar a «sentirse seguro» básicamente significa comprar a precios mucho más elevados.

En su día utilizamos el periodo en torno al Covid para demostrar que incluso en esos periodos extremos es imposible acertar el timing perfecto.

Las intervenciones de bancos centrales y gobiernos

Hay otro aspecto a considerar. Desde la gran crisis financiera de 2008, los bancos centrales y los gobiernos han intervenido con una frecuencia cada vez mayor para apoyar a los mercados. Hoy en día, es difícil imaginar escenarios como el de 1929, por ejemplo, porque los bancos centrales y los gobiernos tienden a intervenir inmediatamente para inyectar liquidez o para evitar caídas excesivamente profundas.

Volviendo al ejemplo de la pandemia, el parón total de la economía habría tenido efectos catastróficos sin el apoyo gubernamental. Los gobiernos intervinieron con políticas fiscales expansivas masivas, que apoyaron la economía, mientras que los bancos centrales inyectaron liquidez en el sistema. Esto provocó un aumento de la inflación, pero la inacción probablemente habría derivado en una dolorosa recesión.

Por lo tanto, hoy en día los bancos centrales y los gobiernos están siempre dispuestos a evitar colapsos bruscos del mercado, incluso en el caso de guerras.

Conclusión: no vale la pena vender cuando hay una guerra y esperar a la paz para volver a invertir

Desde una perspectiva histórica, no vale la pena adoptar una estrategia de venta impulsiva al comienzo de una guerra y esperar una «paz completa” antes de reinvertir, ya que los mercados tienden a descontar la incertidumbre rápidamente y a recuperarse, a menudo con ganancias significativas durante los siguientes 6-12 meses.

Por honestidad intelectual, debemos reconocer que se trata de una muestra limitada, relacionada principalmente con conflictos «periféricos» con respecto a la economía global. Un conflicto mundial podría tener un impacto muy diferente.

En cualquier caso, una cartera diversificada a nivel mundial, alineada con tu tolerancia al riesgo y tu horizonte temporal, está diseñada para resistir episodios de alta volatilidad, y las decisiones impulsivas son siempre desaconsejables.

En resumen, la historia sugiere que las ventas por pánico ante el estallido de una guerra son casi siempre una mala idea, mientras que mantenerse invertido con una cartera coherente con sus objetivos es la opción más racional.

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