Índice de contenido
ToggleCasi la mitad del S&P500 es IA.
Goldman Sachs estimaba en abril de 2026 que las compañías relacionadas con la inteligencia artificial suponen ya cerca del 45 % del S&P 500 por capitalización, frente a alrededor del 25 % cuando se lanzó ChatGPT a finales de 2022. Dicho en llano: de cada 100 dólares invertidos en un fondo indexado al S&P 500, unos 45 están en empresas cuyo negocio se construye sobre la IA o depende fuertemente de ella.
Capital Group añadía en julio otro dato del mismo fenómeno: las diez mayores compañías del S&P 500 rozan el 40 % del índice, un nivel de concentración que no se veía desde los años sesenta. Y su conclusión era la esperable en una gestora activa: los fondos indexados «no están tan diversificados como muchos creen» y conviene diferenciarse del índice.
Nadie eligió esa asignación: ocurrió porque esas compañías crecieron y sus pesos las siguieron. Compartimos parcialmente el diagnóstico de Capital Group; la conclusión merece matices, y para explicarlos hay que mirar qué pasó las otras cuatro veces.
No es la primera vez de tal concentración
El gráfico del artículo de Capital Group muestra cinco episodios de concentración desde 1964:

Los cinco episodios que describe el gráfico:
- Nifty Fifty (1964-1972). Las diez mayores del S&P 500 pesaban un 39 %: AT&T, General Motors, Exxon, IBM, Texaco. Sectores distintos.
- Japón (1984-1989). La bolsa japonesa llegó al 44 % del MSCI World.
- Puntocom (1995-2000). La tecnología alcanzó el 33 % del S&P 500.
- Financieras (2001-2007). Bancos y aseguradoras, el 22 % del S&P 500.
- Tech e IA (2014-2026). Las diez mayores han pasado del 18 % a cerca del 40 %.
Este último tramo simplifica la realidad: la concentración actual empieza en 2014, no con ChatGPT. La IA ha acelerado una concentración que ya llevaba una década en marcha, y los acrónimos lo cuentan: FANG (2013), FAANG y FAAMG (2017), FATANG con Tesla (2020), MAMAA y MATANA (2021-2022), Magnificent Seven (2023). En trece años Netflix salió, Microsoft y Apple entraron, Nvidia pasó de no aparecer a ser la mayor compañía del índice. El inversor indexado no siguió ninguna de esas rotaciones; su cartera las reflejó todas.
Lo que el gráfico de Capital Group no muestra es qué hizo “el mercado” (digamos los grandes índices) mientras tanto.
Lo hemos recreado añadiéndolo en el gráfico.
Los picos de concentración frente al S&P 500

Elaboración propia. Concentración recreada del gráfico de Capital Group; S&P 500 con dividendos reinvertidos (S&P/Bloomberg desde 1989; antes, Robert Shiller), eje derecho en escala logarítmica.
Dos lecturas:
La primera, contra la tentación de ver en la concentración un indicador de techo: Japón en 1989, las puntocom en 2000 y las financieras en 2007 tocaron su peso máximo cerca del máximo del mercado, pero las Nifty Fifty lo tocaron en 1964 y el S&P 500 subió ocho años más. Además la muestra está sesgada por construcción: son los cinco episodios que hoy llamamos burbujas, no todos los periodos de concentración alta. La concentración describe el mercado; no lo predice.
La segunda, la que consideramos más importante: el índice acabó muy por encima en todos los casos, sin que ningún inversor indexado tuviera que tomar una sola decisión. Con dividendos reinvertidos, el S&P 500 ha multiplicado por 535 su valor desde 1964 atravesando las cinco fases.
La misma historia con el MSCI World

Elaboración propia. Concentración recreada del gráfico de Capital Group; MSCI World bruto, dividendos reinvertidos, en USD (MSCI), eje derecho en escala logarítmica.
Con la referencia del inversor global, el caso japonés es el más ilustrativo. En 1989 un inversor indexado al MSCI World tenía el 44 % de su cartera en Japón; diez años después, el 10 %. Nunca decidió vender Japón: el índice redujo su peso a medida que Tokio caía y el resto del mundo subía. Entre 1989 y 1999 el MSCI World con dividendos se multiplicó por 3 mientras el Nikkei perdía la mitad.
Eso es lo que queremos decir cuando afirmamos que los índices «engullen» las burbujas.
Los índices digieren las caídas, no las evitan
Un índice ponderado por capitalización tiene una propiedad que suele presentarse como defecto y es su mecanismo de defensa: se ajusta solo. Lo que sube más que el resto gana peso (eso es lo que hoy preocupa); lo que cae lo pierde, sin que nadie acierte el momento de salir; al extremo las empresas que quiebran salen del índice y las empresas que emergen entran. De las diez mayores del S&P 500 en marzo de 2000, solo Microsoft sigue hoy entre las diez primeras.
El inversor indexado no esquivó las burbujas: sufrió cada caída. Lo que no tuvo que hacer fue identificarlas, salir a tiempo y elegir a los siguientes ganadores, tres problemas casi imposibles de resolver con consistencia que el índice resuelve por construcción.
Pero los índices no evitan las caídas. Estos grandes índices son “el mercado” y las caídas forman parte de su naturaleza. En esos episodios las caídas fueron del 39 % al 51 % en tres de los cuatro casos, incluso reinvirtiendo dividendos. Quien entró en el pico tardó entre cuatro y siete años en recuperar su capital, y tras la puntocom el S&P 500 seguía en negativo diez años después. A veinte años, ningún episodio dejó pérdidas.
El índice engulle la burbuja, pero la historia nos muestra que la digestión lleva años . Solo que casi nadie invierte el 100 % de su patrimonio en bolsa, de golpe y en el peor día posible.
¿Y si esta vez es diferente?
Siempre lo es, en algo. A favor de que esta concentración es más sólida: los grandes beneficiarios de la IA generan beneficios reales y crecientes, y sus valoraciones, aunque exigentes, están lejos de los múltiplos de 2000.
En contra: por primera vez las diez mayores compañías dependen de un único tema, la inversión en centros de datos y semiconductores, y pueden caer a la vez si esa demanda se frena; las Nifty Fifty, con negocios muy distintos, no tenían ese riesgo.
No sabemos cómo se resolverá. Nadie lo sabe, y la propia Capital Group reconoce que la concentración no es una herramienta de timing. Lo que sí sabemos (ya lo hemos visto más arriba) es qué han hecho los índices las cuatro veces anteriores, no dejar de subir a largo plazo aunque con claras y duras interrupciones.
Qué debe hacer el inversor indexado
Puede «pasar» de la burbuja: no necesita tener opinión sobre ella.
Con eso no queremos decir que no haya indicios de burbuja ni que algunas empresas de IA no puedan quebrar.
Pero por poner un ejemplo, no tiene que decidir si Nvidia vale lo que cotiza, ni cuándo salir, ni a qué sector rotar. El índice lo hará por él, tarde y a golpes, pero de forma sistemática. Y las que quiebren probablemente nunca llegarán a los grandes índices y si lo hacen serán “digeridas” como en el pasado.
Es por ello que no coincidimos con el artículo de Capital Group si lo que quiere es transmitir un mensaje de evitar los índices. Aunque sí coincidimos en que “los inversores deberían asegurarse de que sus carteras están ampliamente diversificadas más allá de los índices altamente concentrados (dígase S&P500/MSCI World).”
Es por ello que en inbestMe seguimos creyendo que una cartera indexada altamente diversificada adaptada a nuestros objetivos o perfil sigue siendo la mejor opción para capturar rentabilidad controlando el riesgo y más en concreto debe tener en cuenta (y puede que más que nunca) los siguientes aspectos:
- Diversificación global. Un índice mundial diluye el peso de la IA en cerca de un tercio (Estados Unidos pesa alrededor del 70 % del MSCI World) y, como muestra Japón, reparte el riesgo de que un solo mercado domine. Recordemos que no evita la caída: ayuda a digerirla.
- Renta fija acorde al perfil. No estamos obligados a invertir 100% en renta variable. Esto puede ser la diferencia entre caer un 50 % o un 20 % tras la puntocom, y entre siete años y cuatro para recuperar. Sobre todo, lo que permite es dormir más tranquilo y no vender en el peor momento, el único error que la historia de los mercados financieros no perdona. Eso sí, esto no garantiza que no puedan existir periodos como 2022 donde renta variable y renta fija cayeron al unísono.
- Algo de inmobiliario y oro. Un 5% de cada uno no cambia la rentabilidad a largo plazo, pero recorta la caída de la cartera 60/40 en la mayoría de episodios y trabaja cuando bonos y bolsa caen juntos.
- Aportaciones periódicas. No evitan ver la cartera en rojo si las caídas llegan justo después de empezar a invertir, pero convierten cada caída en compra: permiten una recuperación en muchos casos en la mitad de tiempo y obtener rentabilidades positivas a diez años en todos los escenarios.
- Rebalanceos periódicos. La única forma de «tomar beneficios» de una burbuja sin adivinar el techo. Los rebalanceos periódicos más allá de realinear la cartera con la distribución deseada ayudan de forma automática a vender lo caro y comprar lo barato.
- Minimiza tus costes. Es la única variable que el inversor controla por completo, y pesa más en los años de “digestión”. La gestión indexada que proponemos desde inbestMe permite mantener los costes en una fracción de los de la gestión activa, y hacerlo de forma predecible: a diferencia de la rentabilidad, el coste se conoce de antemano.
Nada de esto requiere saber si estamos en una burbuja.
Requiere haber decidido antes cuáles son nuestros objetivos financieros y por lo tanto cuánto riesgo se quiere asumir, y después mantener una disciplina y no abandonar nuestro plan de inversión en los momentos de caídas ni cometer el peor de los errores, vender barato para después volver a comprar caro.
Nota importante: El gráfico de partida es de Capital Group, gestora activa que lleva medio siglo en el mismo lado de este debate: en 1974 su presidente, Jon Lovelace, advirtió a John Bogle de que la estructura a coste de Vanguard «destruiría la industria»; curiosamente, la propia Capital Group creó los índices que en 1986 vendió a Morgan Stanley y hoy conocemos como MSCI (Morgan Stanley Capital International); y nunca ha lanzado un fondo indexado. Su conclusión de que la solución a la concentración es apartarse del índice es coherente con su historia, y conviene leerla sabiendo quién la firma. Los datos del gráfico, que le agradecemos, sostienen igualmente la nuestra, que, como es obvio, está condicionada por nuestra visión favorable a la indexación.
Artículos relacionados:
Revisión 2024: rentabilidades esperadas de las carteras indexadas diversificadas
¿Por qué hay mejores opciones que invertir solo en el MSCI World?
No es oro todo lo que reluce
¿Por qué en los últimos años los mercados ignoran los riesgos geopolíticos?
50 años de indexación: la revolución que empezó en 1976 ya es “patrimonio de la humanidad”



