2025 fue un año de titulares intensos: tensiones comerciales, episodios de volatilidad y narrativas extremas. Y, como ocurre a menudo en mercados, el guion tuvo dos actos: primero el susto… y después la adaptación.
Más allá de lo coyuntural, 2025 nos deja aprendizajes muy útiles para invertir con más calma y consistencia en 2026.
A continuación destacamos cuatro que nos pueden ayudar a adquirir experiencia como inversores.

Índice de contenido
Toggle1) Las caídas intra-anuales son frecuentes… incluso en años que acaban bien
La volatilidad no es un fallo del sistema: es el precio que hay que pagar para beneficiarse del rendimiento positivo de la renta variable.
Como se observa en el gráfico siguiente, el S&P 500 ha sufrido históricamente caídas intra-anuales relevantes, muchas de ellas alcanzando el «doble dígito», y de media un -14%, pero en la mayoría de esos años aun así acabaron en positivo con una rentabilidad anual media del 10%.

El 2025 ha sido un buen ejemplo de este fenómeno, cayendo fuerte y precipitadamente durante el mes de abril, hasta un -15%, para acabar el año en positivo con un +16% (expresado en dólares, ver más adelante el efecto divisa).
No hay que dejarse llevar por la volatilidad de corto plazo y focalizarse en nuestros objetivos.
2) Ni siquiera un presidente todopoderoso con una agenda agresiva puede ignorar el veredicto del mercado
Tras el anuncio de aranceles, el mercado vivió un episodio de estrés que terminó derivando en una pausa parcial de 90 días sobre parte de esas medidas (con excepciones), comunicada el 9 de abril de 2025.
Pero lo importante aquí no es el detalle técnico del arancel, sino la señal. Cuando, en un entorno así, se tensan a la vez bolsa, bonos y dólar, el mercado no solo está “opinando”: está imponiendo condiciones.
Y esa es quizá una de las lecciones más potentes del año: incluso un presidente con una agenda agresiva y una narrativa de fuerza, como Trump, acaba teniendo que recalibrar cuando el coste de financiarse sube y la confianza se enfría. No por altruismo, sino por pura aritmética: el mercado marca el precio y, con él, el margen real de maniobra.

Esto enlaza con una segunda lectura para el inversor: tratar de acertar el “punto exacto” de estos episodios es un juego perdedor. A menudo, los mejores días de mercado aparecen muy cerca de los peores. Salirse “para evitar el golpe” puede implicar también perderse el rebote, y con ello una parte desproporcionada de la rentabilidad a largo plazo.
3) Riesgo divisa: un riesgo a tener en cuenta
Esta lección en 2025 ha sido especialmente visible para inversores en euros: aunque inviertas con un enfoque “global”, una parte muy relevante de la renta variable desarrollada sigue siendo EE. UU. (y, por tanto, exposición indirecta al dólar).
Para un inversor cuya divisa de referencia es el dólar, este efecto suele ser relativamente menor. En cambio, para un inversor cuya divisa de referencia es el euro, el impacto del tipo de cambio puede ser significativo, especialmente en horizontes cortos.
Para ver este efecto, tengamos en cuenta que en el MSCI ACWI (All Country World Index), Estados Unidos concentra alrededor del 65 % del peso del índice.

¿Y qué pasó en 2025? Para un inversor en euros, el dólar se depreció de forma notable frente al euro: el USD cayó un -15% en el 2025.
En este tipo de circunstancias, esto significa que, aunque las acciones de EE. UU. lo hagan bien “en dólares”, tu rentabilidad en euros puede verse recortada si el USD cae (y, al revés, puede amplificarse si el USD sube):tal como se observa en el gráfico superior este año debido a esto hay una diferencia del -15% del ACWI en Euros vs. al ACWI en Dólares.
Por lo tanto, a la hora de construir una cartera es conveniente:
- Entender que “diversificar globalmente” no elimina el riesgo divisa;
- En bonos, la cobertura de divisa es imprescindible
- En renta variable, cubrir o no cubrir es más debatible: depende del horizonte, y los costes de cobertura.
En inbestMe de forma general cubrimos al 100% el riesgo divisa en bonos, y mantenemos una cierta cobertura en la parte de renta variable que va bajando a medida que aumenta el perfil. La lógica de ir reduciendo la cobertura en renta variable es que a horizontes más largos el riesgo divisa va perdiendo relevancia, mientras que en periodos más cortos, como hemos visto este año, puede tener efectos muy importantes.
El hecho de tener esta cobertura parcial en nuestras carteras ha permitido que incluso frente a la devaluación del dólar, nuestras carteras se hayan comportado de forma excelente.
En inbestMe, si un inversor quiere capturar la rentabilidad de índices donde el dólar tiene un peso dominante, puede optar por invertir en una cartera denominada en dólares, asumiendo de forma consciente el riesgo de tipo de cambio sea porque sus gastos u objetivos están en esa divisa o porque desea esa exposición. En inbestMe es posible invertir en dólares a través de nuestras carteras de ETFs en dólares que, históricamente, ha sido superior, pero la rentabilidad está expresada en dólares.
4) Oro este año, Bitcoin, el pasado… y el sesgo de lo inmediato
Hemos visto como este año ha sido el año del metal dorado, pero también que no es oro todo lo que reluce.
El año pasado fue el del Bitcoin y cada vez es más considerado por algunos como un activo estratégico. Pero este año ha estado también marcado por un flash crash en el mundo cripto que nos recuerda aún su alta volatilidad. El Bitcoin acaba el año 2025 ligeramente en negativo después de alcanzar máximos históricos en torno a los 125.000 $.
No sabemos cuál será el mejor activo para el 2026.
Y no creemos que nadie sea capaz de acertarlo.
La cuarta lección es, por tanto, psicológica: evitemos el sesgo de lo inmediato.
Tendemos a extrapolar lo último que ha pasado, especialmente en activos con narrativa potente y mucha volatilidad. No te fíes de lo que has vivido recientemente.
Como vimos el oro, por ejemplo, igual que ha tenido años como el actual que ha deslumbrado, también ha tenido décadas sin aportar.
En inbestMe creemos que la diversificación es la mejor manera de construir una cartera antes que intentar acertar el activo de moda.
2026: céntrate en lo que controlas

Desde inbestMe evitamos hacer pronósticos sobre lo que va a ocurrir cada año, y esto también aplica a 2026. Predecir qué pasará en los próximos 12 meses es extraordinariamente difícil y, además, suele aportar poco valor a una estrategia de inversión que, por definición, busca resultados en el medio y largo plazo y no en un plazo tan corto como un año.
Lo que sí sabemos, por experiencia y por datos históricos, es que la economía y las empresas tienden a adaptarse. Esa capacidad de innovación, ajuste y crecimiento se ha traducido, con altibajos, en una tendencia “natural” alcista de los mercados a largo plazo (en los grandes índices bursátiles), tal y como muestra el gráfico superior con el MSCI World (índice mundial de los países desarrollados).
Visto con perspectiva, incluso los episodios que en su momento parecen determinantes acaban diluyéndose en el gráfico. Hoy todavía se aprecia el “susto” de este año 2025, el de la guerra de aranceles, pero con el paso del tiempo probablemente perderá peso visual, como ocurrió con otras caídas: algunas siguen siendo claramente visibles (la crisis financiera global o la burbuja puntocom), mientras que otras ya quedan más integradas en la serie (Brexit o incluso el Covid-19).
2025 nos dejó una lección: el mercado puede ser ruidoso pero aun así resiliente. Para el inversor, lo que más suma no es “tener razón” cada mes, sino mantener un proceso: segmentar objetivos, diversificar, aportar de forma periódica, rebalancear y sostener la disciplina.
De cara a 2026, nuestro consejo es simple: céntrate en lo que controlas. Eso es lo que, de verdad, te ayuda a invertir con confianza en cualquier entorno de mercado.
Desde inbestMe seguiremos ayudándote y apoyándote para que así sea.








