El sistema de pensiones tal y como lo conocemos tiene su origen en Alemania en 1889, concretamente en la ley de las personas mayores y discapacitadas. Según esta ley, cualquier persona que llegase a la edad de 70 años tenía derecho a recibir una pensión por parte del Estado, la cual se financiaba con impuestos al trabajo.

Desde entonces, los programas públicos de pensiones se popularizaron y se extendieron por todos los países desarrollados, entre ellos España. 

Su esquema de funcionamiento es el siguiente: las pensiones se financian gracias al denominado pacto intergeneracional, que consiste en que los trabajadores de hoy pagan a los pensionistas de hoy, y los trabajadores del mañana pagarán a los pensionistas del mañana.

Como las pensiones se financian mediante impuestos al trabajo, lo que realmente significa esto es que los impuestos de los trabajadores actuales se utilizan para pagar las pensiones actuales; mientras que los impuestos de los trabajadores del futuro se utilizarán para pagar las pensiones de los pensionistas del futuro. 

¿Por qué está en peligro el sistema de pensiones?

En la actualidad se habla mucho de que las pensiones están en peligro. Esto es así por dos motivos fundamentales:

  1. En más de un siglo apenas ha variado la edad legal de jubilación. Sin embargo, la esperanza de vida ahora es mucho más elevada. Piensa que la edad actual de jubilación en España (67 años) es incluso menor a la edad que había en la Alemania de 1889 (70 años), cuando la esperanza de vida entonces era mucho más reducida.
  2. La natalidad está cayendo en picado y, actualmente, el número de trabajadores es muy reducido para mantener a los pensionistas. Como consecuencia, la famosa hucha de las pensiones (el ahorro de la pasada década, en la que se recaudó más de lo que se gastó para las pensiones), se está agotando a gran velocidad.

En definitiva, la alta esperanza de vida y la baja natalidad forman un cóctel explosivo que está poniendo en jaque el sistema público de pensiones.

¿Qué va a pasar en el futuro?

El problema del sistema de pensiones actual tiene una solución que a nadie le gusta. Es una cuestión puramente matemática: si no se producen cambios importantes en los próximos años, en el futuro las pensiones van a ser menores

Tanto es así que en los últimos años han habido numerosos cambios legislativos que apuntaban en esa misma dirección. Por ejemplo:

  • Se amplió la edad legal de jubilación de 65 a 67 años.
  • La revalorización de las pensiones ha estado por debajo del IPC.
  • Se exigen más años cotizados para conseguir la pensión máxima.
  • Se congela la pensión máxima pero se aumentan las bases de cotización máxima.

Si nos ponemos agoreros, podría darse el caso de que en el futuro no tenga sentido el modelo contributivo actual (en el que a más cotización, mayor pensión), y sí un modelo más de tipo asistencial (donde todo el mundo tenga una misma pensión y no por un importe demasiado elevado). 

Esto no suena nada bien, lo sabemos.

¿Podemos hacer algo nosotros?

Afortunadamente, sí. Si queremos anticiparnos a problemas futuros, podemos (y debemos) ahorrar para cuando llegue la edad de jubilarnos, y cualquier vehículo de ahorro o inversión que nos ayude a conseguirlo será bienvenido.

Los planes de pensiones tradicionales siempre han sido el producto de inversión estrella para la jubilación, pero esto no significa que sean ideales para todo el mundo. Aunque tienen sus ventajas fiscales a corto plazo, también presentan algunos inconvenientes a largo plazo (principalmente, su poca liquidez y su escasa rentabilidad).

Sin embargo, podemos optar por una cartera de planes de pensiones, una opción donde combinamos dos planes de pensiones, en lugar de invertir en un plan único. Uno de renta fija y otro de renta variable, consiguiendo así una mayor diversificación de nuestros ahorros, y por tanto pudiendo llegar a conseguir una mayor rentabilidad.

Otra forma de ahorro que quizá no sea tan buena es la inversión inmobiliaria. En el futuro habrá menos población y, por tanto, la presión demográfica que impulsa los precios también va a ser menor. 

La inversión en bolsa y, concretamente, en fondos de inversión es también una buena alternativa para ver crecer tus ahorros. Si además, como es el caso, el objetivo es no utilizar el ahorro en muchos años (hasta que nos jubilemos), entonces un fondo de inversión indexado o un ETF que compre el mundo pueden ser opciones muy interesantes, más incluso que comprar acciones de forma individual.

Debemos tener claro que el objetivo, en cualquier caso, es que en el momento de la jubilación tengamos el suficiente capital ahorrado como para generar una renta aceptable, que podamos complementar con la pensión que cobremos del Estado, a través de un plan de pensiones.

Aunque no siempre es sencillo, lo ideal es no tocar el capital invertido si no es estrictamente necesario, ya que nunca sabremos los años que nos quedan por vivir. Para lograr este objetivo (vivir gastando la renta y no el capital), el capital acumulado debe ser muy alto o el riesgo que tomemos con las inversiones mayor. 

Por eso, el mejor consejo que te podemos dar es que empieces a ahorrar e invertir cuanto antes. Tu yo del futuro te lo agradecerá.

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