El mercado sigue revuelto

En el momento de escribir este post el S&P 500 ha caído entorno al 10% desde máximos y lleva una de sus peores rachas desde el 2011. El ACWI índice que integra la renta variable mundial aún cae más en el año, en torno a un 12% desde los máximos de enero del 2018.

Estas caídas están lastrando los rendimientos de la mayoría de las carteras en lo que va de año. Por lo general, cuando la renta variable baja, la renta fija sube.

Desde 1926, solo ha ocurrido dos veces que se ha combinado una caída del mercado de renta variable americana de gran capitalización junto con la de la renta fija. El año 2018 es ahora mismo un candidato a unirse a ese grupo de años con alta correlación entre la renta variable y la renta fija.

Los tipos de interés más altos son buenos para los rendimientos de la renta fija a medio y largo plazo. En algún momento, a medida que la economía se vaya normalizando primero en EEUU y seguramente más tarde en Europa volverán a su rendimiento histórico con rentabilidades del 2% o más por encima de la liquidez. Pero a corto plazo, la renta fija se enfrentará al efecto negativo que tiene en las valoraciones las subidas de tipos.

La rentabilidad de un año natural significa muy poco

Ante esta situación y viendo lo que llevamos de año es muy probable que la mayoría de carteras, aun a pesar de la diversificación, reflejen un resultado negativo.¿Pero acaso contar lo que ocurre en un año en especial tiene algún significado especial?

En algún sitio hemos leído que el economista de Yale Robert Shiller ha bromeado sobre el hecho de que no hay nada especial en un año. Doce meses “es el tiempo que tarda la Tierra en dar la vuelta al sol”, dice. “No veo ningún otro significado”. No tenemos la certeza de que la anécdota sea real. Pero nos sirve para preguntarnos:

¿Acaso tiene algún significado si un activo cae durante los 12 meses desde un enero en particular hasta el diciembre de ese mismo año? Leámoslo de otra manera usando la broma de Shiller ¿cuánto debería importarnos que un activo o cartera caiga en el tiempo que la tierra da la vuelta al sol? Acaso esta tendencia negativa no puede revertirse en los pocos días, semanas o meses subsiguientes, o sea a la que empieza a dar otra vuelta la tierra al sol.

Es bien conocido que como inversores nos dejamos llevar por varios sesgos que condicionan nuestras decisiones financieras y explica porque en general no tenemos mucho éxito como inversores. Tomamos muchas decisiones con una periodicidad anual: esto está evidentemente asociado a la costumbre de anualizar nuestros rendimientos financieros. En ese proceso intervienen conocidos sesgos muy habituales en nuestra débil psicología financiera como:

· La aversión a la pérdida: una pérdida nos provoca un impacto doblemente negativo que el efecto positivo de una ganancia. En general esperamos altos rendimientos con bajo riesgo. El miedo a la pérdida conduce a una retirada de capital en el peor momento posible. También conocido como “venta de pánico”. Esto se acentúa si tenemos una visión anualizada de nuestras inversiones.

· Estrechez de miras: tomamos decisiones sin considerar todas las implicaciones. Por ejemplo y aplicado a este caso, sería tomar decisiones sobre nuestra cartera en una visión anualizada sin tener en cuenta que estamos invirtiendo para un horizonte mucho más largo.

Son muchos los inversores e incluso gestores profesionales, que se dejan atrapar por los 12 meses: es como si el sol (o el tiempo que tarda la tierra en rodearlo) se convirtiera en el determinante del éxito financiero. Expresado de esta manera parece hasta algo ridículo que sea así.

Siguiendo con esta comparación es también innecesario tener la obligación de alcanzar un rendimiento específico en 12 meses y aún menos en un periodo inferior. Y si lo hacemos estaremos destinados a tomar malas decisiones de inversión solo por tratar de obtener unos números concretos en un periodo tan corto. Marcarse objetivos en periodos de 12 meses o menos es parte de la razón por la que muchos inversores tienen rentabilidades inferiores a las que obtendrían en el largo plazo, vendiendo y comprando en el peor momento. O sea, vendiendo barato y comprando caro.

Como inversores puede ser importante (hasta cierto punto) seguir periódicamente la evolución de nuestras inversiones. El hecho de que exista un calendario anual no implica que debemos alcanzar unas rentabilidades específicas antes del próximo 31 de diciembre.

Define tu plan y tu calendario para el largo plazo

Invertir al final es fácil si se entienden ciertos conceptos.

Pero tal como dice Warren Buffett “invertir no es fácil desde el punto de vista psicológico, algunos lo llegan a entender y otros no. En general la gente prefiere apostar porque creen que podrán doblar su dinero en pocos meses. Este es el motivo por el cual algunos apuestan en las carreras, se van a Las Vegas (o añadiríamos apuestan online en deportes) incluso a sabiendas que las probabilidades están en su contra, lo siguen haciendo ya que todos tenemos fuertes instintos en hacernos ricos rápidamente, yo simplemente no sé cómo hacerlo”.

El sol no pondrá el contador a cero de tu cartera el siguiente 1 de enero. Invertir solo para un año es casi tan arriesgado como apostar.

Es mucho mejor gestionar nuestras inversiones para el largo plazo donde la suerte se pone de nuestro lado. Es importante fijarnos objetivos en plazos largos, lo que ocurre en el corto plazo está lleno del ruido del mercado.

Recuerda hacerte un plan de ahorro e inversión y síguelo a pesar de lo que ocurra en periodos cortos. Solo así podrás tener éxito y podrás superar un mes (o un año) malo en el camino de conseguir tu objetivo financiero.

En el gráfico de más arriba (S&P500) el color y nuestra aversión al riesgo nos condicionan a fijarnos más en las barras rojas que en la tendencia natural alcista. El sol durante el transcurso del año sale en una posición más alta o más baja según el solsticio. Pero no olvidemos que el sol sale de nuevo cada día.

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