A mucha gente le llama la atención el mundo de la bolsa y quiere invertir en acciones pero no sabe por dónde empezar. Si es tu caso, has llegado al lugar correcto. En este artículo vamos a dar respuesta a las dos dudas más habituales de la mayoría de inversores noveles: cuándo realizar una inversión en acciones y cómo hacerlo.

¿Cuándo invertir en acciones?

Si te preguntas si existe un momento perfecto para invertir en acciones, la respuesta es no. Desde el punto de vista de la bolsa o de los mercados financieros, cualquier momento es bueno para empezar a invertir. De hecho, está más que demostrado que lo ideal es no intentar hacer market timing y permanecer siempre invertido y con el foco puesto en el largo plazo.

Otra cosa bien distinta son tus circunstancias personales. Antes de empezar a invertir, tú y tus finanzas personales debéis estar preparados. ¿Cómo saber si lo estáis? Básicamente, respondiendo a estas tres sencillas preguntas: 

  1. ¿Has completado tu fondo de emergencias? Antes de invertir en bolsa deberías tener unos ahorros que te permitan cubrir entre 1 y 5 años de tus gastos. Así, si surgiese un imprevisto, no te verías obligado a tocar tu inversión en un mal momento.
  2. ¿Tienes claro cuál es tu propósito? Invertir para la jubilación, para la entrada de la casa, para pagar la hipoteca, para la universidad de tus hijos… Debes tener claros cuáles son tus objetivos financieros para poder definir tu plan de inversión.
  3. ¿Te has informado lo suficiente? No deberías invertir en acciones si aún no sabes cómo funciona la bolsa, qué es un bróker, cuál es tu tolerancia al riesgo o qué es eso de la diversificación. Afortunadamente, gracias a internet el acceso a la información es sencillo y gratuito.

Si las respuestas a estas preguntas son las correctas, pasamos a la siguiente cuestión: ¿cómo realizar una inversión en acciones?

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¿Cómo realizar una inversión en acciones?

En general, hay dos formas de invertir en acciones: bien seleccionando de forma individual las acciones de las empresas en las que inviertes o bien a través de un vehículo de inversión que lo haga por ti (por ejemplo, un fondo de inversión o un ETF).

Invertir en acciones de forma individual

Aunque esta forma de invertir tiene algunas ventajas (principalmente: la libertad total para invertir cómo y dónde quieras), en realidad es una de las formas más complejas y arriesgadas de invertir en acciones. 

El principal problema de comprar acciones de forma individual es que debes tener unos conocimientos avanzados sobre finanzas, inversión o matemáticas, para así seleccionar las empresas en las que invertir minimizando los riesgos. Los análisis técnicos y fundamentales son imprescindibles para hacer esto.

Pero también debes ser capaz de analizar al mercado en su conjunto, diseñar tu estrategia de inversión (invertir en empresas que repartan dividendos, inversión en value investing, buy & hold, growth…), elegir un buen bróker, etc. Vamos, que ni es sencillo ni es para todo el mundo.

Al igual que no se nos ocurriría hacer paracaidismo sin aprender antes o sin contratar la ayuda de un monitor, tampoco deberíamos invertir en acciones de forma individual sin ser plenamente consciente de su complejidad y de las potenciales pérdidas en las que podríamos incurrir si tomamos malas decisiones.

Invertir en acciones a través de un fondo de inversión o ETF

Los fondos de inversión y los ETFs nos ofrecen una vía más sencilla, diversificada y equilibrada para realizar una inversión en acciones. Y, sobre todo, permiten reducir el riesgo de sufrir grandes pérdidas como consecuencia de nuestra mala cabeza. En general, son tres sus ventajas frente a la compra directa de acciones:

  1. No hay que ser un experto para invertir:
    Para comprar acciones a través de un fondo de inversión no es necesario tener grandes conocimientos financieros. Estos vehículos de inversión se caracterizan por ser muy sencillos y están dirigidos a todo tipo de público.
  2. Más diversificación, menos riesgo:
    Los fondos y ETFs ponen al alcance del inversor una cesta de acciones ampliamente diversificada por países, sectores o mercados, por lo que el riesgo de perder dinero con la inversión es menor, ya que las pérdidas de unos activos se compensan con los beneficios de otros. Además, permiten al inversor minorista acceder a activos a los que como inversor particular no tendría acceso.
  3. Ventajas fiscales:
    Cuando compras y vendes acciones de forma directa, estás obligado a tributar por la plusvalía que obtengas de la venta. Con los fondos de inversión esto no ocurre (con los ETF, sí), por lo que podrás diferir el pago de impuestos hasta el momento del reembolso de tu dinero, es decir, hasta que retires el dinero del fondo. Esto tiene un impacto enorme sobre la rentabilidad, ya que en realidad estás capitalizando el pago de impuestos y, eso hace que tu dinero crezca más rápidamente.

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