Al invertir es muy importante conocer tu grado de aversión al riesgo. En toda inversión, cuanto más seguros estemos y conozcamos de todos los factores que influyen en su correcto funcionamiento, más probabilidades de alcanzar nuestros objetivos. La incertidumbre o el azar son dos conceptos prohibidos para ello, por lo que contar con la información que reduzca al máximo estos factores, supondrá aportar mayor seguridad a la inversión.

En este sentido, conocer nuestro grado de aversión al riesgo es clave para empezar la inversión con buen pie, con firmeza y con la seguridad de saber que donde invirtamos, vamos a sentirnos cómodos y acorde al planteamiento que mejor nos ayude a nuestro objetivo pero… ¿cómo se realizar este cálculo?, ¿cómo saber el grado de aversión al riesgo? 

 

¿Qué es el grado de aversión al riesgo?

Comencemos la casa por los cimientos, definiendo el término: la aversión al riesgo no es más que el miedo irracional que tenemos a la pérdida, en este caso económica. Son la conjunción de sentimientos que nos hace tener cierto respeto a la hora de tomar decisiones que puedan conllevar riesgos, y que, ante estos, nos definen como personas prudentes, conservadoras (en el caso de tener mucha aversión al riesgo) o aventureras (en el caso de tener menor aversión al riesgo).

Hablamos de miedo “irracional” puesto que, para la toma de decisiones, según tengamos mayor o menor grado de aversión al riesgo, nos dejaremos llevar en la medida proporcional más o menos por los sentimientos, sin tener en consideración otros condicionantes más “racionales” como los basados en la lógica y las matemáticas. Es el caso de cuando se aplican las probabilidades, se tiene en cuenta la información de mercado, la evolución de éstos y otras variantes con mayor apoyo en el raciocinio.

Un ejemplo de cómo reaccionamos ante la aversión al riesgo es la siguiente casuística: imaginemos que nos ofrecen 100 euros o el contenido de una caja del que no tenemos más información que puede contener 500 euros o absolutamente nada, perdiendo con ello la posibilidad de ganar los 100 euros.

Una persona con mucha aversión al riesgo preferirá quedarse con lo seguro, que sería aceptar los 100 euros renunciando a poder multiplicarlos por 5 (aunque también a perderlos), mientras que una persona con poca aversión al riesgo cuanto menos considerará lo interesante de poder multiplicar por 5 sus ganancias aseguradas, aunque pueda perderlas.

 

Cómo aplica el grado de aversión al riesgo al invertir

Para invertir, la seguridad y la confianza en las acciones que llevemos a cabo son vitales. No sentirnos cómodos con una inversión puede conllevar que tomemos decisiones desafortunadas en momentos poco propicios, como pudiera ser realizar retiros en momentos en el que el mercado esté a la baja sin esperarnos a que se pueda recuperar (de hecho, la lógica dicta que, tarde o temprano, los mercados globales, la economía en general, tiene una clara tendencia al alza). Por ello, toda herramienta, toda guía que nos sirva para conocer nuestra predisposición a asumir (o no) ciertos riesgos para mejorar (o no) la rentabilidad, será una ayuda fundamental para comenzar con buen pie nuestro proyecto.

Así, sabiendo que somos más o menos propensos a la asunción de riesgos, podemos crear una cartera de fondos donde se balancee los valores acordes al grado de seguridad que ofrezca. Por ejemplo, si somos de un perfil conservador, una cartera donde el 70% de los valores sean productos de bajo riesgo y un 30% arriesgados sería una composición propia de este perfil, mientras que los perfiles aventureros, optarán por revertir los porcentajes (70% productos con mayor riesgo, 30% conservadores).

 

Cómo conocer nuestro grado de aversión al riesgo al invertir

Una vez hemos asimilado la importancia de conocer nuestro nivel de asunción de riesgos en finanzas, ¿cómo podemos conocer nuestro grado de aversión? Existen varias fórmulas para ello según la exactitud con la que queramos operar.

– Reglas financieras: trucos utilizados a nivel amateur para intuir en qué proporción debemos arriesgarnos. La más conocida para construir una cartera de valores es la regla 110, consistente en restar nuestra edad a 110 para así guiarnos sobre el porcentaje adecuado a destinar a renta fija y variable. Por ejemplo, si tenemos 40 años, restamos a 110, 40 y el resultado (70) es el porcentaje a destinar a renta variable (con mayor riesgo) y el resto (30), a renta fija.

– Asesores financieros: es el procedimiento más clásico. Acudes a una asesoría, a gestores de carteras o a una entidad bancaria y consultas a un profesional sobre tus mejores opciones de inversión. El profesional tendrá en cuenta todas las variantes que intervienen en el riesgo de la inversión (edad, tiempo de la inversión, miedo a la pérdida económica y estabilidad de ingresos entre otros) y, acorde a esta información, te diseñará el plan de inversión que, según sus conocimientos sobre la materia y sus intereses (por ejemplo los bancos no te ofrecerán productos que, como los ETFs, tengan una baja comisión por gestión), mejor te encaje.

Test de riesgo profesional: es el método más habitual a día de hoy entre los gestores de carteras profesionales, en cuanto dan una información precisa y objetiva sobre el grado de aversión al invertir. Para ello, se basan en tecnología avanzada como la que ofrecen los robo advisors, herramientas que automatizan las preguntas y respuestas que los profesionales determinan como relevantes para la construcción del perfil, basándose en información a mayor nivel como el capital, los objetivos concretos y los plazos para conseguirlos.

Así, el grado de aversión es como nuestra “brújula” a la hora de invertir. Según seamos más o menos propensos, podremos tomar decisiones más adecuadas para sentirnos siempre seguros de dónde y cómo se gestionan nuestros ahorros. ¡Ojo! Que tengamos un grado de aversión X al invertir (se mide, en el caso de los test de riesgos, por una escala donde 10 es muy propenso al riesgo y 1 nada propenso) no significa que tengamos que terminar el plazo de la inversión con ese mismo grado. Lo natural es que, cuanto menos, una vez al año, en el caso de las herramientas profesionales, se nos consulte nuevamente por el nivel de aversión por si nuestras circunstancias han cambiado y, con ello, también debe cambiar nuestro objetivo.

No existe la inversión que te garantice al 100% X beneficios, y menos sin riesgo, pero sí que existen las herramientas y la metodología que, ante un objetivo concreto, nos puedan ofrecer el mejor ecosistema para que nos sintamos seguros y sin necesidad de preocuparnos constantemente por nuestro dinero.

 

Perfil de inversor

Tags: ,